Abriendo Brecha
Volver a Publicaciones
Reflexiones 3 min lectura

Sostener el dolor sin devolver violencia

A veces la primera ayuda no es corregir ni convencer, sino quedarse cuando el otro desborda.

Por Carmen·28 marzo 2026
Sostener el dolor sin devolver violencia

Una profesora de filosofía reflexiona sobre lo que significa acompañar a jóvenes que llegan atravesados por la rabia, las drogas, el abandono o una violencia que apenas saben nombrar.


Cuando algunos de mis alumnos o alumnas llegan hasta mí intentando expresar una ira que ni ellos mismos entienden, yo intento no responder con distancia ni con miedo. A veces, incluso, siento que en ese esfuerzo de empatía y comprensión me acerco yo también a un borde difícil de explicar, porque su dolor desordena cualquier respuesta sencilla.

Creo que muchos se acercan por eso. Porque perciben que puedo soportarlo.

No porque tenga una solución mágica. No porque siempre sepa qué decir. Sino porque, de alguna manera, intuyen que no voy a apartarme en cuanto aparezca lo más incómodo. Que no voy a responder a su violencia con otra forma de violencia. Que puedo quedarme.

Y quedarse, a veces, ya es mucho.


Detrás de esa rabia suelen aparecer historias muy distintas, pero con un mismo fondo: drogas, abandono, familias que no existen, dolor acumulado, una soledad demasiado grande para su edad. A veces lo que se ve desde fuera es solo el estallido. Pero debajo suele haber algo mucho más frágil.

En ocasiones se dejan abrazar. En ocasiones no.

A veces rechazan cualquier gesto de cercanía, como si dejarse cuidar fuera una forma de peligro. Pero incluso entonces vuelven. Me buscan cuando sienten que han rebasado los límites que todavía pueden controlar. Y creo que ese gesto, por pequeño que parezca, dice mucho. Porque buscar a alguien en ese punto implica una forma de vulnerabilidad. Y quizá también una forma inicial de libertad.


Muchos me dicen que mi voz y mis palabras les reconfortan. Yo no siempre sé medir del todo lo que eso significa, pero sí sé algo importante: que necesitan encontrar espacios donde no se les responda desde el juicio automático, el miedo o la prisa por corregirlos.

A veces, acompañar no consiste en dar una gran lección. Consiste en sostener el dolor del otro el tiempo suficiente para que no tenga que seguir gritándolo de la única manera que conoce.

Y cuando eso pasa, aunque sea por un instante, algo empieza a moverse.


No siempre podemos cambiar la historia de alguien. Pero sí podemos evitar convertirnos en otra experiencia más de rechazo. Y, a veces, eso ya es una forma muy concreta de ayuda.

Temas:acompañamientojuventudeducaciónviolenciareflexión profesional

Carmen

Profesora de filosofía que acompaña a jóvenes en contextos complejos. Colabora con Abriendo Brecha desde la práctica educativa y la cercanía.

¿Te ha resultado útil este artículo?

Si conoces a alguien que pueda necesitar esta información, compártelo.

Artículos relacionados

¿Quieres que sigamos abriendo brechas?

Tu apoyo nos permite llegar a más personas.