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Reflexiones 7 min lectura

El odio actúa en el cerebro como una droga

Por eso queremos colaborar con expertos en adicciones. Desradicalizar tiene más que ver con desintoxicar que con convencer.

Por David Saavedra·10 febrero 2026
El odio actúa en el cerebro como una droga

Por eso queremos colaborar con expertos en adicciones. Desradicalizar tiene más que ver con desintoxicar que con convencer.


Llevo años intentando explicar algo que no encaja en las categorías habituales.

Cuando la gente piensa en radicalización, piensa en ideología. Piensa en argumentos. Piensa que alguien se convierte en extremista porque le han convencido de algo.

Pero no funciona así.

Y lo sé porque lo viví. Y porque, después de hablar con cientos de personas que han pasado por procesos similares —da igual si eran de extrema derecha, extrema izquierda, islamistas radicales o miembros de sectas—, todos describen lo mismo.

Describen una adicción.


Lo que dice la ciencia

Esto no es solo mi percepción. Hay investigación detrás.

Cuando odias, cuando sientes esa certeza absoluta de que tienes razón y los demás son el enemigo, tu cerebro libera dopamina. El mismo neurotransmisor que se activa con las drogas, el juego o el sexo.

Odiar sienta bien. Es químicamente placentero.

Y como cualquier sustancia que genera placer, el cerebro empieza a necesitar más. Más intensidad. Más confirmación. Más enemigos. Más razones para sentir esa descarga.

Así funciona la tolerancia en las adicciones: cada vez necesitas más para conseguir el mismo efecto. Y así funciona la radicalización: cada vez necesitas posiciones más extremas para sentir esa misma certeza, esa misma pertenencia, esa misma rabia que te hace sentir vivo.


Lo que yo sentía

Voy a ser honesto: la rabia era lo único que me hacía sentir vivo.

Cuando el mundo te parece hostil, cuando no encajas, cuando sientes que nadie te entiende, encontrar un enemigo es un alivio. De repente todo tiene sentido. Hay un culpable. Hay una explicación. Y tú eres de los que lo ven claro mientras los demás son borregos.

Esa sensación es adictiva.

No es que yo eligiera odiar. Es que el odio me daba algo que no encontraba en otro sitio: identidad, pertenencia, propósito. Y cada vez que alguien intentaba quitármelo —con argumentos, con datos, con confrontación—, me aferraba más fuerte.

Exactamente igual que un adicto cuando le intentas quitar la sustancia.


Por qué los argumentos no funcionan

Si la radicalización fuera un problema de argumentos, se resolvería con mejores argumentos.

Pero no es así.

¿Cuántas veces has intentado convencer a alguien con datos y has conseguido lo contrario? ¿Cuántas discusiones has tenido donde, cuanto más evidencia presentabas, más se cerraba la otra persona?

Eso no es estupidez. Es neurobiología.

Cuando atacas las creencias de alguien que está en un proceso de radicalización, su cerebro lo interpreta literalmente como un ataque a su supervivencia. Se activan las mismas zonas cerebrales que se activarían si le atacaras físicamente.

Por eso se cierra. Por eso contraataca. Por eso, cuanto más le confrontas, más se radicaliza.

No estás luchando contra ideas. Estás luchando contra un mecanismo de defensa profundamente arraigado.


El enfoque que proponemos

En el Decálogo de Abriendo Brecha hay dos puntos que resumen todo esto:

Punto 6: Cuando se prolonga en el tiempo, se comporta en el cerebro igual que una droga.

Punto 7: Es acertado tratar este problema igual que lo haríamos con las adicciones.

Esto cambia completamente el enfoque.

Si la radicalización es una adicción, entonces desradicalizar no es convencer. Es desintoxicar.

Y para desintoxicar, necesitamos aprender de quienes llevan décadas trabajando con adicciones. De quienes saben que no puedes forzar a nadie a dejar una sustancia. De quienes entienden que el proceso es progresivo, que hay recaídas, que el vínculo es más importante que el sermón.


Nuestros próximos pasos

En el futuro queremos abrir caminos inexplorados en la dirección de organismos que trabajen el tema de las adicciones.

¿Por qué no aprender de quienes llevan décadas trabajando sobre este problema?

Actualmente colaboramos con CESAL, de quienes estamos aprendiendo mucho sobre metodología, estructura y atención. A nivel internacional, hemos recibido formación de Violence Prevention Network, una organización alemana referente en prevención del extremismo, y mantenemos contacto abierto con ellos.

Pero queremos ir más allá.

Queremos sentarnos con profesionales de centros de desintoxicación. Queremos entender cómo trabajan la motivación al cambio. Queremos adaptar sus metodologías a nuestro contexto.

Porque si el problema es el mismo —una dependencia que secuestra el cerebro—, la solución tiene que beber de las mismas fuentes.


Qué significa esto para ti

Si tienes a alguien cerca que está en un proceso de radicalización, esto es lo que necesitas entender:

No es un problema de ideas. Es un problema de necesidades emocionales no cubiertas.

No se resuelve con argumentos. De hecho, los argumentos suelen empeorarlo.

El vínculo es la herramienta. Si rompes la relación, pierdes la única vía de influencia que tienes.

El proceso es lento. Igual que nadie se desintoxica de un día para otro, nadie se desradicaliza de golpe.

Hay recaídas. Y son normales. No significan que todo esté perdido.

Sé que esto es difícil de aceptar. Queremos soluciones rápidas. Queremos ganar el debate y que la otra persona "despierte".

Pero eso no es cómo funciona el cerebro humano.


Una última reflexión

A veces me preguntan si sigo sintiendo "el tirón".

La respuesta honesta es: sí.

Hay momentos en que algo —un discurso, una imagen, una música— activa algo en mí que reconozco. Es instintivo. Es químico. Es el cerebro buscando esa vieja descarga de dopamina.

La diferencia es que ahora lo reconozco. Y puedo elegir no seguirlo.

Pero para llegar aquí hicieron falta años. Mucha gente que no me juzgó. Mucho cariño que no merecía. Y una comprensión que ojalá hubiera tenido antes.

Eso es lo que intentamos construir en Abriendo Brecha: un espacio donde se entienda que esto es una adicción, no una elección. Y donde se trate como tal.

Temas:neurocienciaadiccionesdesradicalizacióncerebrometodologíadecálogo

David Saavedra

De mi edad, me pasé más de la mitad creyéndome poseedor de la verdad absoluta. Hoy, desde Abriendo Brecha, intento ayudar a quienes atraviesan lo mismo que yo atravesé.

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