Abriendo Brecha
Volver a Publicaciones
Reflexiones 7 min lectura

¿Por qué no hablamos de ideología en las charlas?

La presentación se llama "La ideología es lo de menos". Y no es casualidad. El enfoque emocional es nuestro arco de bóveda.

Por David Saavedra·15 octubre 2025
¿Por qué no hablamos de ideología en las charlas?

"Yo no hablo de ideología" es un mantra que no me canso de repetir.

Y sin embargo, es lo primero que me preguntan cuando me invitan a dar una charla en un instituto: ¿vas a hablar de política? ¿De fascismo? ¿De islamismo? ¿De extrema izquierda?

La respuesta es siempre la misma: no.

Y cuando la gente escucha eso, muchos se sorprenden. ¿Cómo vas a hablar de radicalización sin hablar de ideología? ¿No es precisamente de eso de lo que se trata?

No. No lo es. Y entender esto es entender todo lo que hacemos en Abriendo Brecha.


La llamada que no esperaba

Después de mi primera aparición pública en La Sexta, recibí un aluvión de correos y testimonios procedentes de perfiles que nunca hubiera imaginado que contactarían conmigo: radicales de izquierda, nazis, algunos a favor del terrorismo vasco, víctimas de sectas e incluso otros que habían sentido atracción por el yihadismo.

Cambiando algunas comas o palabras, todos dijeron lo mismo: «David, al escucharte hablar me he visto reflejado.»

Párate un momento en eso. Un nazi y un yihadista diciéndome que se han visto reflejados en la misma historia. ¿Cómo se explica eso, si no es porque existe algo que va mucho más allá de la ideología?

Esa pregunta lo cambió todo para mí.


La teoría del pensamiento en burbuja

Hasta aquel momento, todo mi discurso había girado en torno a mi propia experiencia, como es lógico. Pero reflexionando con todos los que compartieron su testimonio conmigo, me di cuenta de algo: existe una estructura de pensamiento principalmente psicológica y emocional que se desarrolla muchísimo antes de la llegada del discurso político o religioso.

A esta estructura la llamo teoría del pensamiento en burbuja.

Yo ya estaba radicalizado cuando leí mis primeros libros nacionalsocialistas o negacionistas del Holocausto. Seguramente años atrás. La ideología no fue el origen: fue el destino. El molde ya estaba instalado. La ideología solo vino a llenarlo.

Y es por eso que términos como "extrema derecha", "extrema izquierda" o "radicalismo religioso" me parecen, desde el origen, incorrectos. Al usarlos, colocamos el foco muy lejos de donde verdaderamente debemos detenernos. Ojo: no es que la ideología no sea importante. Es que no está en el origen.

Curiosamente, sí se vuelve fundamental en el proceso inverso —el de la desradicalización—, porque la fusión de identidad que sufrimos con nuestro discurso hace que solo por medio de él podamos construir los lazos de confianza desde los que ser ayudados. Pero eso es otro texto.


Lo que pasa cuando confrontas la ideología

Hay una razón muy práctica por la que no tocamos cuestiones políticas o religiosas en las charlas: no funcionan.

Cuando confrontas a alguien radicalizado con argumentos contrarios a su ideología, ¿sabes qué pasa? Se refuerza. Se cierra. Piensa que estás confirmando exactamente lo que su grupo le ha dicho: que "los de fuera" van a intentar manipularle.

Y en cierta forma tiene razón. Eso es lo que estás intentando.

Pero hay una razón más profunda: la radicalización no va de ideas. La ideología es el envoltorio. El contenido real es emocional.

No te radicalizas porque te convenzan con argumentos. Te radicalizas porque te sientes solo, incomprendido, asustado. Porque necesitas pertenecer a algo. Porque necesitas sentir que tienes el control. Porque necesitas un enemigo que explique por qué te sientes tan mal.

La ideología viene después. Es el marco que le da sentido a todo eso. Pero el motor son las emociones.

Por eso, cuando queremos ayudar a alguien, no atacamos el marco. Vamos al motor.


La charla que me hubiera gustado recibir

Diseñé esta presentación pensando en el David de 15 años.

Ese chaval que estaba empezando a caer en un proceso que le costaría años deshacer. Que necesitaba algo —y no sabía qué— y lo encontró en el lugar equivocado.

Cada vez que entro en un auditorio, me imagino que ese David está ahí sentado. Entre los alumnos. Mirándome con los brazos cruzados, pensando que este tío no tiene ni idea.

Y le hablo a él.

No intento convencerle de nada. No le digo que está equivocado. No le confronto con argumentos políticos que solo conseguirían que se cerrara más. Le pregunto cómo se siente.

Cuento mi historia. No la versión edulcorada. La versión real: cómo me sentía, qué buscaba, qué encontré, por qué me quedé tanto tiempo, y cómo, poco a poco, empecé a salir.

Y cuando cuento eso, veo algo en los ojos de algunos chavales. Un destello de reconocimiento. Un "yo también me siento así" que no hace falta decir en voz alta.

Ese momento vale más que cualquier argumento.


Lo que todavía no sabemos responder

La búsqueda de respuestas a cuestiones como ¿surge a una edad determinada?, ¿qué la provoca?, ¿cómo se manifiesta? o ¿puede prevenirse? es precisamente lo que ahora da sentido a todo el proyecto de Abriendo Brecha.

En mis charlas, dedico todo el tiempo que se me concede a ir explicando, paso a paso, el modo en que ese molde de dogmatismo se instala en la mente sin que nos demos cuenta. De un modo completamente invisible para quienes lo sufrimos, pero todo lo contrario para nuestro entorno: padres, profesores, amigos...

¡Ojalá todos ellos hubieran dispuesto de herramientas cuando nos observaban con impotencia perdernos en espirales de odio sin fin!


Para quien trabaja con jóvenes o tiene un hijo que le preocupa

Si estás leyendo esto y eres docente, orientador o familiar, esto es lo más importante que puedo decirte:

No intentes ganar el debate ideológico.

No funciona. Solo lo alejará más.

En lugar de eso, pregúntate: ¿Qué necesidad emocional está cubriendo esto? ¿Qué está buscando que no encuentra en otro sitio? ¿Cómo puedo conectar con eso sin juzgarlo?

Porque si consigues conectar con lo que realmente siente, la ideología empezará a perder fuerza por sí sola.


Una invitación

Si después de leer esto sigues teniendo dudas sobre si en nuestras charlas condicionamos o influimos de alguna manera en las ideas del alumnado, te invito a asistir a una.

Verás que no hay adoctrinamiento. No hay mensaje político. No hay "buenos" y "malos".

Solo hay un tío que un día estuvo donde algunos de esos chavales están ahora. Y que les dice, sin juzgarlos: "Oye, ¿y si hablamos de cómo te sientes?"

Eso es todo.

Y resulta que eso es muchísimo.

Temas:charlaseducaciónprevenciónenfoque-emocionalmetodología

David Saavedra

De mi vida, me pasé más de la mitad creyéndome poseedor de la verdad absoluta. Hoy, desde Abriendo Brecha, intento ayudar a quienes atraviesan lo mismo que yo atravesé.

¿Te ha resultado útil este artículo?

Si conoces a alguien que pueda necesitar esta información, compártelo.

Artículos relacionados

¿Quieres que sigamos abriendo brechas?

Tu apoyo nos permite llegar a más personas.