Lo que ocurrió en las primeras jornadas de convivencia
Meter bajo un mismo techo a nazis, militantes de extrema izquierda e islamistas radicales. ¿Qué podía salir mal? Se reconocieron como iguales. Fue mágico.

La locura que propusimos
Vamos a ser claros: sobre el papel, lo que hicimos era una locura. Juntar en un mismo espacio a personas que se habían odiado —o que, al menos, habían construido su identidad odiando al otro— no parecía un plan sensato.
Pero lo hicimos. Y lo que ocurrió nos cambió a todos.
Las primeras jornadas de convivencia de Abriendo Brecha se celebraron en octubre de 2025 en un albergue a las afueras de Madrid. Tres días, veinticuatro participantes, cero expectativas —o, más bien, las justas como para no salir corriendo.
¿Quién estaba allí?
Personas que habían militado en movimientos de extrema derecha. Jóvenes que habían coqueteado con el salafismo. Activistas de colectivos de extrema izquierda. Gente que, en la calle, no se habría mirado a los ojos.
"El primer día, la tensión se cortaba con un cuchillo. Pero al segundo día, algo cambió. Alguien contó su historia y otro dijo: 'Joder, eso me pasó a mí también.' Ahí empezó todo."
No hablamos de ideología. No debatimos sobre quién tiene razón. Nos sentamos a hablar de lo que nos había pasado: las heridas, los miedos, las ausencias que nos empujaron a buscar respuestas fáciles.
El momento que lo cambió todo
Fue en la segunda noche. Después de cenar, alguien propuso salir al jardín. Sin estructura, sin moderador. Solo personas hablando.
Un chaval que había estado en un grupo neonazi se sentó al lado de otro que había sido detenido en una manifestación antifascista. Se pusieron a hablar de sus padres. De lo solos que se habían sentido de adolescentes. De cómo encontraron en el grupo lo que no encontraban en casa.
Se reconocieron como iguales. No en sus ideas, sino en su dolor.
Lo que aprendimos
Las jornadas nos dejaron varias lecciones que ahora son parte de nuestro ADN:
- La desradicalización no empieza por las ideas, sino por las emociones. Cuando alguien se siente escuchado, baja la guardia. Y cuando baja la guardia, puede empezar a cuestionar.
- El contacto directo rompe estereotipos. Puedes odiar a "los otros" en abstracto, pero es muy difícil odiar a alguien que te ha contado su vida mirándote a los ojos.
- El formato importa. No funciona un debate. No funciona un sermón. Funciona crear un espacio donde la gente se sienta segura para ser vulnerable.
¿Y ahora qué?
Estamos preparando las siguientes jornadas. Queremos que sean más largas, con más participantes y con un equipo de acompañamiento profesional.
Si quieres saber más o participar, escríbenos. Esto no es un proyecto cerrado. Es una brecha que estamos abriendo juntos.
David Saavedra
De mi edad, me pasé más de la mitad creyéndome poseedor de la verdad absoluta. Hoy, desde Abriendo Brecha, intento ayudar a quienes atraviesan lo mismo que yo atravesé.
Artículos relacionados
¿Quieres que sigamos abriendo brechas?
Tu apoyo nos permite llegar a más personas.



