¿Cómo acompañamos a alguien que está radicalizando?
¡Qué difícil es hablar con afecto a quien solo te habla con odio! Y sin embargo, es lo único que funciona. Una reflexión sobre lo que aprendí de quienes me tendieron la mano cuando estaba completamente radicalizado.

Como co-fundador de Abriendo Brecha, hay una cuestión que para mí siempre ha sido fundamental. Una que reposa directamente en el modo en que un puñado de personas —realmente se cuentan con los dedos de una mano— me trataron cuando estaba completamente radicalizado.
No lo hicieron como lo haría cualquier persona siguiendo su propia dignidad.
Y es que cuando alguien radicalizado te identifica como ese "otro", ten en cuenta que, las tengas o no, te hará poseedor de toda una suerte de cualidades que sin duda te convierten en el peor representante de la humanidad, tratándote en consecuencia. Te hablarán con paternalismo, con soberbia. Para ellos será signo de debilidad llegar a acuerdos contigo. Y un etcétera tan previsible como desagradable.
Bien al contrario, estas personitas se comportaron exactamente como yo no esperaba que lo hiciesen.
Me trataron bien.
¿WTF? Debió pensar algo dentro de mí.
Y no me extraña. ¡Qué difícil es hablar con afecto a quien solo te habla con odio!
Esto es algo que me ha tocado vivir en mis propias carnes muchas veces, situándome ahora de ese "otro lado". Y es ahora cuando caigo en el acto de auténtica inmolación que mi madre y algunos otros más llevaron a cabo para sacarme de donde estaba.
Tiene todo el sentido del mundo
En realidad, la lógica es aplastante. Si lo piensas: ¿cómo no vas a empeorar con odio a una persona a la que justamente eso —el odio— es todo lo que la impulsa?
Desde Abriendo Brecha, intentamos seguir este razonamiento. Y no siempre se puede. Es importante tenerlo presente.
Nadie tiene el poder de desradicalizar a alguien si esa persona no ha dado antes un paso tan valiente como el de aceptar que algo está haciendo mal. Si ese "clic" ha ocurrido, simplemente se abre una ventana al cambio. Pero que este verdaderamente llegue a ocurrir depende de innumerables factores, y llegar a buen puerto no está en absoluto garantizado.
Lo que no existe y nunca existirá
No creemos que exista —ni pueda llegar nunca a existir— un "manual de desradicalización" que, aplicado como dogma mágico a cada individuo indistintamente de su realidad, experiencia vital o contexto, funcione en todo caso.
Y os recomendamos que cuando deis con alguien que os lo promete —seguramente con intercambio monetario de por medio— huyáis de ahí.
Ojalá hubiese algo así. Pero sencillamente lo juzgamos imposible.
El camino a seguir lo marca cada caso individual, y este únicamente funciona si se consigue establecer un canal o vínculo desde el respeto y la confianza mutua. Sin reproches, sin confrontación y con afecto.
La única cosa que sí funciona
Si logras eso —que no es poco— ármate de paciencia. La necesitarás.
No esperes cambios inmediatos, porque eso es irreal y puedes frustrarte al comprobarlo. Los ritmos no los marcas tú: los marca él.
Y, sobre todo, lo más importante —y lo más doloroso— que alguien ha de preguntarse antes de abordar semejante empresa es:
¿No estaré yo radicalizado?
No como insulto. No como provocación. Como pregunta honesta que merece una respuesta honesta.
Porque si yo, que estoy intentando ayudar, llevo también mis propias certezas absolutas, mi propio pensamiento en blanco y negro, mi propio "los de mi lado son los buenos y los del otro son los malos"... entonces no estoy acompañando. Estoy empujando en otra dirección.
Y eso, a veces, hace tanto daño como no hacer nada.
Por qué escribo esto
No lo escribo para dar lecciones. Lo escribo porque me lo preguntan constantemente.
Familias que no saben cómo hablar con su hijo. Profesores que detectan señales pero no saben qué hacer. Amigos que ven a alguien que quieren alejarse poco a poco y no saben si intervenir o quedarse quietos.
Y la respuesta honesta, la que me gustaría poder darte envuelta en papel de regalo con un lazo, es que no hay respuesta universal.
Lo que sí hay es un principio que nunca falla: si consigues que esa persona sienta que no te la vas a cargar por lo que piensa, habrás dado el paso más difícil.
Todo lo demás viene después. Y viene solo, si ese vínculo es real.
Nos vemos en la brecha.
David Saavedra
David Saavedra
De mi vida, me pasé más de la mitad creyéndome poseedor de la verdad absoluta. Hoy, desde Abriendo Brecha, intento ayudar a quienes atraviesan lo mismo que yo atravesé.
¿Te ha resultado útil este artículo?
Si conoces a alguien que pueda necesitar esta información, compártelo.
Artículos relacionados
¿Quieres que sigamos abriendo brechas?
Tu apoyo nos permite llegar a más personas.



